Cine Select, el último de mi barrio

Cine Select, el último de mi barrio

Recuerdos de lo que fue el último cine de Escalada

“Naciste” en Remedios de Escalada, Partido de Las Lomas de Zamora; en la Avenida Rosales, exactamente en la casa de la Sociedad Italiana, allá por los años treinta..
Dos “estrenos” a la vez en nuestro pueblo: el empedrado de tu calle con plazoleta al medio… y vos, mi querido Cine Select.
Eras “el cine de mi barrio”. ¡Cuántos recuerdos atesoran tus paredes…! ¡Quién pudiera exprimirlas, para que ellos broten y se vuelquen en forma de palabras sobre esta hoja de papel…!
¿Te acordás?… Nos conocimos promediando “los sesenta” y, desde entonces, fuimos amigos fieles e inseparables.
Me encataba ir a visitarte. Cuánta preocupación sentía, los sábados a la mañana, por saber cuáles eran los repetidos “últimos estrenos”, para el fin de semana. ¡Cuán grande mi imaginación, para rebuscármela y conseguir la guita cuando la cosa en casa venía difícil! Repartir tus volantes mano en mano; casa por casa. ¡Ufa…! trabajo agotador, lo que ocasionaba que “invite”, dejándole muchos volantes por si se le perdía alguno, “a la alcantarilla de desagüe de Lugones y Correa…”; la venta del juego de veladores de bronce tallados a mano, recuerdo de familia, en la compra -venta de metales de Pavón y Arrascaete; lo que hizo que casi se me aplique “la pena de muerte”, por parte de mi vieja, que fue conmutada por la “prohibición de verte por largo tiempo”, sanción de cumplimiento efectivo… O la entrada gratis, gracias al bueno de “Don Flecha”…
Llegada, entonces, la gloriosa tarde; bañado; empilchado de primera; con lustrosos botines; peinado a la gomina con raya al costado, corte varonil de la Peluquería de Tomasito; y perfumado con la “colonia del frasco grande”, junto a los pibes de la barra, acudía a “la cita de honor”…
Llegar; admirar y contemplar tu frente majestuoso… tu entrada; tus carteles prometiendo miles de emociones; tu hall; mi impaciencia y ansiedad; tu boletería, la fila y la compra de la entrada; y el sentirme “grande”, por celebrar el contrato de servicio…
El entrar a tu sala con el programa en la mano… ¡Si hubiera guardado cada uno de ellos…! Y la importancia de dejarle la propina al acomodador… Otros tiempos… Luego del feroz ataque al chocolatinero, zambullirme en tu butaca de cuero cerca del radiador o del ventilador, según las condiciones climáticas; y tratar de ganarle al de al lado, el apoya-brazo. Devorarme bombones, “aeros”, los “manises” con chocolate y compartirlos con el vecino de turno, mediante el sistema de la “mano ahuecada”…
De pronto se hacía el oscuro y con la luz del proyector “comenzaba la magia”… El exclamar “¡Tecnicolor!”, lleno de felicidad; quedar hipnotizado creyendo ser el protagonista de la película… Y así se sucedían las de indios y “combois”; de piratas; del espacio; de suspenso; de miedo; de amor; de guerra; de “moustros”; policiales… Y a sala llena las de “Palito”; las de Sandro y las de Carlitos Balá… Y el “No hay más localidades”, sublime cartel de otros tiempos para vos…
Gran problema cuando llegaba tarde y vos estabas lleno; sentarme en el último asiento que quedaba, justo detrás del gordo grandote y tener que ver la película, cabeceando de un lado a otro…; o en el oscuro, sentarme arriba de la señora mayor y aguantarme la protesta… larga e interminable; quien luego, además, comenzaba el concierto de lechuzas, con el clásico “chissst”, en bis, dirigido hacia mí y a la concurrencia en general…
¡Qué tiempos aquellos…!, salir rajando en medio de “la película de miedo”, para que no nos alcance la maldición de la momia; o que en lo mejor se corte la luz, lo que traía aparejado silbidos, zapateos, protestas generalizadas de la concurrencia; el sentarme al lado “del que ya la vio” y me hacía el favor de “anticiparme el final”; o el que me la iba relatando como si fuera Muñoz en un partido de fútbol; “la película de leer”, donde yo nunca llegaba a completar la escena; o “la aburrida”, que provocaba el sueño o el “hacer lío”, el que paraba con “la luz de la linterna” de Don Alberto “Flecha” Delía, sobre la cara de los presuntos culpables, que simulábamos, entonces, ser santos inmaculados, “escapados” de la Iglesia de Monseñor Casanova… para que no nos den el olivo…
¡Cuántas barras de Escalada!… Cada una inmersa en sus propias actividades. Algunas, como la mía, que tenía amplia imaginación para esas cosas, dentro de lo que se podía hacer, pateándole los apretadores zapatos a quien, “poniéndose cómodo, sintiéndose en casa” se los sacaba…; probando puntería con “los canutos”, que se conseguían en la Fábrica de Soda de Don Enrique Galli en Ministro Brin, de los cuales salían veloces y dolorasas “bolillitas” rumbo a las nucas de los miembros de alguna barra rival, lo que hacía prometer el popular “piña va; piña viene; los muchachos se entretienen” a la salida…; el “gomerazo” certero a la pantalla, cuyo destinatario era el malo de la película… O cuando la selecta concurrencia, casi te “incendiamos”, aunque vos no tenías la culpa… porque habían promocionado el estreno de la última de Batman y Robin en colores y nos pasaron una donde, el dúo dinámico, usaba sombraro, antifaz, saco y corbata y encima en “blanco y negro”, del año ’38…
Y “el intervalo”, en veloz carrera al baño; no sea cosa que empezara de nuevo y me perdiera alguna parte. Hacerme el grande, para ver “la prohibida”; rebotar y perderme a Isabel Sarli o Libertad Leblanc… El cosquilleo en la panza, al estar sentado al lado de “mi posible futura novia”… El final y la vuelta a casa, esperando que la semana pase pronto para volver a verte.
La salida y la cita obligada, en la inolvidable Pizzería de al lado, de Don Tomé, para deleitarme con “la mejor pizza del mundo”, acompañada de la “chiquita de vidrio” de Coca Cola…
Resistías a irte… Intentabas volver, una y otra vez; y yo, amigo fiel, te acompañaba en el intento… Pero… un día, luego de la última escena, pusieron “Fin”… y llorando cerraste; me quedé solo, en la vereda mirando tu reja; creí que volverías… ¡Pero no!… te fuiste para siempre… Y entonces te convertiste en “el último cine de mi barrio”… “Mi CINE SELECT”… Y aunque pase el tiempo, todos los de Escalada no te olvidaremos, porque estás dentro de nuestros corazones y pertenecés al recuerdo de nuestro ayer…

En homenaje a todos y cada uno de los “biógrafos y cines” del viejo Talleres y Remedios de Escalada que, con sus “vistas y películas”, nos hicieron vivir un mundo lleno de ilusiones: a ustedes, “Centenario”; “de Pyke” o “Sarmiento”; “Verdi”; “Mundo Argentino”; “Ideal”; “9 de Julio”…; y a vos, mi querido “Select”…
Simplemente… “Gracias por habernos hecho felices…”
Fabián Pedro Aquisto
Extraído de “La Idea” Agosto 2001